Las prisas no son buenas consejeras

Un segundo ingrediente para ser diligente es tomarse su tiempo, lo contrario de la prisa, para evaluar a fondo sus opciones y llegar a una decisión en oración. No puedo decirle cuántas veces he visto a personas bien intencionadas tomar malas decisiones financieras como resultado de un vendedor hábil con un gran discurso que hace promesas que no pueden y no tienen intención de cumplir. La mayor habilidad de un asesor no consiste en hablar de su producto, sino en saber escuchar y hacer preguntas.

Un buen asesor sirve de guía de confianza en el viaje, y no se centra en hacer una transacción. Haga sus deberes. Sea intencional en obtener un consejo sabio de un asesor bien entrenado que sea altamente competente y bien fundamentado en los principios bíblicos.

Kingdom Advisors es un gran recurso para encontrar un asesor que ha sido entrenado e investigado a fondo en esta área. Prometer o incluso garantizar rendimientos superiores a los del mercado para su inversión es un truco común. El axioma popular «si es demasiado bueno para ser verdad, probablemente no lo sea» suele ser acertado.

Es poco probable que un asesor pueda ofrecer a un cliente rendimientos que no están disponibles para el resto del mundo. Esta estafa se aprovecha de la codicia de los clientes y de sus sueños de dinero fácil. Si un asesor ofrece o garantiza rendimientos superiores al 12-15%, es probable que sea una estafa.

Por ejemplo, en los últimos 85 años, el mercado de valores estadounidense ha tenido una media de aproximadamente el 9,5%. Este rendimiento no es un rendimiento «seguro», sino bastante volátil, lo que significa que hubo muchos años de rendimiento negativo a lo largo de las décadas. No actúe con precipitación.

Tómese siempre el tiempo necesario para pensar o «consultar con la almohada» una decisión financiera. Un intento de precipitarse debería ser una bandera roja. Si hay una buena oportunidad hoy, no desaparecerá mañana.

No tengas miedo de marcharte si una oferta no te parece adecuada.