Noticias del fin del mundo

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Cuando se encuentra sin trabajo, sin hogar y soltero, Vance, de 42 años, viene a quedarse en la casa de su infancia donde su hermano gemelo, Craig, todavía vive con su segunda esposa, Gina, sus dos hijos pequeños, y la hija de 17 años de Craig de su primer matrimonio, Amanda. Vance, el hermano aparentemente más sensible, aunque menos responsable, envidia y resiente el relativo éxito de Craig, pero nadie en esta familia es feliz ni precisamente simpático, y cada uno alberga un cúmulo de secretos, culpas, dilemas morales y resentimientos. Con una deuda de más de 250.

000 dólares, el constructor Craig cuenta desesperadamente con dos proyectos no del todo sólidos para salir adelante. Además, todavía se culpa de la muerte de la madre de Amanda en un accidente de buceo hace 11 años. Gina, licenciada en Harvard con aspiraciones de diseñadora, se siente insatisfecha por el mero hecho de llevar una boutique.

Frustrada en su matrimonio con el poco comunicativo Craig, se ve tentada a coquetear con el viejo amigo de los gemelos, Dov, que planea que Craig construya su nuevo restaurante. El mayor secreto de todos, y el que afecta a todos finalmente, lo guarda Amanda. Ya aceptada en Dartmouth, naturalmente, en esta novela llena de problemas de la Ivy Leaguers y de gente rica, fue sorprendida fumando marihuana en la escuela después de que su novio, por cierto el hijo de Dov, la dejara; en lugar de ser expulsada, fue enviada a Chile, donde conoció a un chico y se metió en «problemas».

Está desesperada por no estar embarazada, pero su padre está en contra del aborto por razones de su juventud que no comparte. Mientras tanto, Vance se encuentra con su antigua novia del instituto, casualmente la profesora de equitación de su conmovedoramente infravalorada sobrina de 6 años, Helen, y aflora el secreto culpable que le persigue desde su ruptura. Miller Brand New Human Being, 2012 es refrescante en su enfoque del aborto, pero demasiadas coincidencias y paralelismos en la trama y las conexiones de los personajes debilitan la novela.

Apenas tenía un año cuando Hiroshima fue arrasada por una sola bomba atómica. En el astillamiento de un momento y la nube en forma de hongo que le siguió, un poder genuinamente apocalíptico que antes sólo había estado en manos de los dioses y tal vez de los autores de ciencia ficción se convirtió en una parte cotidiana de nuestro mundo demasiado humano. A partir de ese día, fue posible imaginar que nosotros -no los marcianos ni los dioses- podíamos acabar con todo.

Se hizo posible imaginar que nosotros mismos éramos el apocalipsis. Y hay que reconocerlo. Si no lo hemos hecho todavía, tampoco hemos hecho un mal trabajo a la hora de preparar el camino para esa conclusión de la historia humana.

Pongamos esto en perspectiva. En el año pandémico 2020, 76 años después de que dos bombas atómicas estadounidenses dejaran en cenizas las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, las potencias nucleares del mundo aumentaron realmente el gasto en armas nucleares en 1. 400 millones de dólares más de lo que habían gastado el año anterior.

Y ese aumento fue sólo un pequeño porcentaje de la inversión continua de esos nueve -sí, nueve- países en sus crecientes arsenales nucleares. Y lo que es peor, si usted es estadounidense, más de la mitad de la «inversión» total de 2020 en armamento apropiado para escenarios de fin del mundo, 37. 400 millones de dólares para ser exactos, fue invertida por nuestro propio país.

Sólo al fabricante de armas Northrop Grumman se le concedieron 13. 300 millones de dólares para que iniciara el desarrollo de un nuevo misil balístico intercontinental, o ICBM, lo único que obviamente necesita nuestro mundo en plena crisis. En total, esas nueve potencias nucleares gastaron unos 137.

000 dólares por minuto en 2020 para «mejorar» sus arsenales, los que, si alguna vez se utilizan, podrían acabar con la historia tal y como la conocemos. En un sucio edificio de apartamentos, aislado por capas de alfombras colgantes, la última familia de la Tierra se acurruca alrededor de un fuego, derritiendo una olla de oxígeno. Arrancado del calor del sol por una estrella oscura rebelde, el planeta ha sido exiliado a los fríos confines del sistema solar.

El único clan de supervivientes debe aventurarse en la interminable noche para recoger los gases atmosféricos congelados que se han acumulado como la nieve. En lo que respecta a los escenarios del fin de la humanidad, esta sombría visión del cuento de Fritz Leiber de 1951, Un cubo de aire, es una posibilidad bastante remota. Los estudiosos que reflexionan sobre estas cosas creen que lo más probable es que una catástrofe autoinducida, como una guerra nuclear o una pandemia de bioingeniería, acabe con nosotros.

Sin embargo, otros peligros naturales extremos, como las amenazas del espacio y los trastornos geológicos en la Tierra, podrían hacer fracasar la vida tal y como la conocemos, destruyendo la civilización avanzada, acabando con miles de millones de personas o incluso exterminando a nuestra especie. Por el momento, estas estrategias de defensa planetaria existen principalmente sobre el papel, pero algunas de ellas podrían probarse en el mundo real en la próxima década. La NASA, la Agencia Espacial Europea y otros socios están explorando una misión conjunta llamada AIDA (Asteroid Impact and Deflection Assessment) para probar el método del impactador en el asteroide Didymos cuando pase cerca de la Tierra en octubre de 2022La NASA también ha anunciado planes para utilizar una gravedad mejorada