Tipos de liderazgo directivo escolar

¿Es la democracia la mejor manera de responder a los retos de nuestra sociedad? ¿O existen mejores alternativas? La controversia sobre esta cuestión nos acompaña desde la antigüedad hasta el presente.

Lo que se aplica a la sociedad, también se aplica a las escuelas. Si abogamos por un liderazgo escolar democrático, es necesario considerar las alternativas. Veamos cuatro tipos principales de liderazgo.

Los líderes autocráticos tienden a tomar todas las decisiones por sí mismos. Sostienen que es el estilo más eficaz para realizar muchas tareas en poco tiempo. Ese es el punto fuerte del liderazgo autocrático, pero su debilidad es que las decisiones pueden ser objetadas o cuestionadas, lo que a su vez aumenta la probabilidad de conflicto y la negativa a cooperar.

Los líderes autocráticos subestiman hasta qué punto dependen de los demás. Las normas escolares que se imponen sin discusión son desobedecidas con mayor frecuencia, lo que resulta contraproducente para hacer frente a la mala conducta y al acoso escolar. El liderazgo autocrático suele seguir el statu quo y las convenciones dadas, ofreciendo poco en términos de innovación y desarrollo.

Los resultados académicos son pobres en las escuelas dirigidas autocráticamente, ya que las necesidades específicas de apoyo y estímulo de los alumnos reciben poca atención. El liderazgo laissez-faire se caracteriza por la falta de procedimientos claramente definidos para la toma de decisiones y la escasa participación del líder en los procesos de toma de decisiones. El tiempo para las discusiones no está claramente limitado, por lo que la eficacia de la toma de decisiones y de la gestión escolar es escasa.

Por otro lado, el punto fuerte de este tipo de liderazgo es un bajo nivel de agresividad y conflictos en la comunidad escolar. Los líderes paternalistas actúan como figuras parentales cuidando de sus subordinados como lo haría un padre, sin darles ninguna responsabilidad ni libertad de elección. En este tipo de liderazgo, el líder muestra preocupación y se preocupa por su personal.

A cambio, espera confianza, lealtad y obediencia. Se espera que los profesores estén totalmente comprometidos con lo que el líder cree y que se abstengan de tomar sus propias decisiones o de trabajar de forma independiente. Se espera que los profesores permanezcan empleados en la misma escuela durante más tiempo para reforzar la lealtad y la confianza.

El liderazgo paternalista tiende a dividir al personal, ya que el líder escolar recompensa a sus profesores favoritos por su lealtad con un trato especial y oportunidades como proyectos, viajes, formación, etc. Un estilo de liderazgo democrático ofrece la posibilidad de superar las debilidades que los otros tipos de liderazgo tienden a desarrollar. Un líder escolar democrático se asegura de que todos los miembros de la comunidad escolar participen en el proceso de toma de decisiones, pero la participación variará en función del contexto.

Los alumnos no participarán en todas las decisiones y el líder no siempre tendrá la última palabra. En algunos casos, puede limitarse a facilitar un acuerdo entre el personal o toda la comunidad escolar, o aceptar una decisión que él mismo no apoya. El liderazgo y la responsabilidad son compartidos, y con frecuencia hay líderes de subgrupos.

Cuantos más miembros de la comunidad escolar participen en el proceso -el director de la escuela, el personal, los alumnos, el personal de limpieza, el personal de oficina, quizás también los padres y las partes interesadas externas-, más clara será la imagen de los diferentes intereses, puntos de vista y valores. La fuerza del liderazgo escolar democrático reside en su potencial para producir decisiones y soluciones ampliamente aceptadas y apoyadas, siempre que se hayan tenido en cuenta todos los intereses y consultas. El esfuerzo de aprendizaje necesario para que los diferentes grupos de la comunidad escolar desarrollen todo su potencial de participación puede ser bastante desalentador, pero es gratificante.

La comunidad escolar puede desarrollar una cultura escolar democrática con un ambiente abierto y amistoso. Sus miembros estarán más motivados y comprometidos, la comunicación formal e informal prosperará, tanto con la participación del líder escolar como de la comunidad escolar. La disciplina mejorará si los alumnos se sienten también responsables de su escuela.

La escuela logrará mejores resultados académicos al dar cabida a las diversas capacidades y talentos de sus alumnos.