Conceptos de filosofia con autores

El punto de vista de la representación mental de los conceptos es la posición por defecto en la ciencia cognitiva Carey 2009, Pinker 2007 y goza de un amplio apoyo en la filosofía de la mente, en particular entre los filósofos que consideran que su trabajo está alineado con la investigación en la ciencia cognitiva, por ejemplo, Carruthers 2006, Millikan 2000, Fodor 2003, Margolis & Laurence 2007[1] Los partidarios de este punto de vista lo defienden por motivos explicativos. Sostienen que los conceptos y las representaciones mentales estructuradas desempeñan un papel crucial para explicar la productividad del pensamiento, es decir, el hecho de que los seres humanos puedan tener un número ilimitado de pensamientos, para explicar cómo los procesos mentales pueden ser tanto racionales como implementados en el cerebro, y para dar cabida a la necesidad de procesos mentales sensibles a la estructura Fodor 1987; véase también la hipótesis del lenguaje de entrada del pensamiento. Estas consideraciones bastarían por sí solas para mostrar por qué la teoría clásica ha sido tenida en tan alta estima.

Pero la teoría clásica recibe una motivación adicional a través de su conexión con un método filosófico que se remonta a la antigüedad y que sigue ejerciendo su influencia sobre el pensamiento contemporáneo. Se trata del método del análisis conceptual. Los análisis conceptuales paradigmáticos ofrecen definiciones de conceptos que deben ponerse a prueba frente a posibles contraejemplos que se identifican mediante experimentos de pensamiento.

Se supone que el análisis conceptual es una actividad distintiva a priori que muchos consideran la esencia de la filosofía. En la medida en que los análisis conceptuales paradigmáticos estén disponibles y tengan éxito, esto transmitirá apoyo a la teoría clásica. Por el contrario, si las definiciones no están ahí para ser descubiertas, esto parece poner en peligro una visión venerable de lo que es la filosofía y de cómo deberían proceder las investigaciones filosóficas, véase la sección 5 más adelante.

La teoría clásica se ha visto sometida a una presión considerable en los últimos cuarenta años aproximadamente, no sólo en la filosofía, sino también en la psicología y en otros campos. Para los psicólogos, el principal problema ha sido que la teoría clásica tiene dificultades para explicar un conjunto sólido de resultados empíricos. En el centro de este trabajo está el descubrimiento de que ciertas categorías se toman como más representativas o típicas y que las puntuaciones de tipicidad se correlacionan con una amplia variedad de datos psicológicos; para revisiones, véase Smith & Medin 1981, Murphy 2002.

Por ejemplo, se considera que las manzanas son más típicas que las ciruelas con respecto a la categoría de fruta y, en consecuencia, se considera que las manzanas tienen más características en común con la fruta. Hay muchos otros resultados de este tipo. Uno de ellos es que los artículos más típicos se clasifican con mayor eficacia.

Por ejemplo, los sujetos son más rápidos en juzgar que las manzanas son un tipo de fruta que en juzgar que las ciruelas lo son. El problema no es que la teoría clásica sea incoherente con resultados como éstos, sino que no hace nada para explicarlos. En filosofía, la teoría clásica ha sido objeto de varias críticas, pero quizá la más fundamental sea que los intentos de especificar definiciones para los conceptos tienen un pobre historial.

Sencillamente, hay muy pocos ejemplos de análisis de definiciones que hayan tenido éxito, y desde luego ninguno que sea incontrovertible Wittgenstein 1953/1958, Fodor 1981. La enorme literatura sobre el análisis del conocimiento es representativa del estado de las cosas. Desde que Edmund Gettier 1963 desafió por primera vez la definición tradicional de CONOCIMIENTO como CREENCIA VERDADERA JUSTIFICADA, ha habido un amplio acuerdo entre los filósofos de que la definición tradicional es incorrecta o al menos incompleta ver la entrada el análisis del conocimiento.

Pero nadie parece ponerse de acuerdo sobre cuál es la definición correcta. A pesar del enorme esfuerzo que se ha dedicado a la cuestión, y de las docenas de artículos escritos sobre el tema, seguimos sin una definición satisfactoria y completa. Podría ser que el problema sea que las definiciones son difíciles de conseguir.

Pero otra posibilidad, que muchos filósofos están tomando en serio, es que nuestros conceptos carezcan de estructura definitoria. Los conceptos tienen una importancia fundamental para una teoría general de la cognición y la mente. Nuestros pensamientos, especialmente los que expresan o implican proposiciones, se analizan y se distinguen unos de otros apelando a diversos hechos relacionados con los conceptos y nuestra comprensión de los mismos.

Del mismo modo, nuestros enunciados lingüísticos que expresan proposiciones también expresan conceptos, ya que normalmente se piensa que los conceptos están estrechamente relacionados, o incluso identificados, con los significados de entidades como predicados, adjetivos y similares. Nuestra comprensión e interacción con el mundo también implica conceptos y nuestra comprensión de los mismos. Nuestra comprensión de que una cosa determinada es miembro de una categoría determinada se debe, al menos en parte, a nuestra comprensión de los conceptos, y lo mismo ocurre con nuestros actos de categorización.

Tales capacidades implican nuestro conocimiento de manera esencial, y por ello tal emisión filosófica