Enfermedades cronicas no transmisibles en chile

El núcleo de la contribución de las ciencias sociales a nuestra comprensión de la salud y la enfermedad se centra en la noción de que la salud se produce no sólo por el acceso a los servicios sanitarios, sino por un conjunto más amplio de factores arraigados en las dimensiones económica, política y cultural de la sociedad [8, 9]. Entender cómo interactúan los determinantes sociales de la salud para configurar en última instancia el patrón de enfermedad de una población es una tarea de enormes proporciones, llena de complejidad metodológica e incertidumbre teórica. En el mejor de los casos, las ciencias sociales -incluidas la sociología, la antropología y la ciencia política- nos ofrecen las herramientas analíticas que necesitamos para examinar los complejos determinantes de las afecciones que la Organización Mundial de la Salud OMS [4] identifica como las principales causas de muerte en el mundo: las enfermedades crónicas no transmisibles.

Las ciencias sociales también pueden conducirnos a soluciones creativas para los retos que plantean estas enfermedades. Investigando esta noción, este documento a esboza la carga global de las enfermedades crónicas no transmisibles, destacando su importancia para la salud de la población en América Latina; b examina algunos de los mitos comunes o medias verdades que rodean a estas enfermedades; y c pone en primer plano la noción de inequidad en salud y por qué es un aspecto tan importante en cualquier intento de entender las enfermedades crónicas no transmisibles. Las investigaciones epidemiológicas indican que las enfermedades crónicas no transmisibles son las que más afectan a la salud de la población en el mundo [10-13].

Las estimaciones de 2005 indican que ese año murieron 35 millones de personas por enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, cáncer y otras afecciones crónicas [14, 15]. De hecho, datos recientes de la OMS sugieren que las enfermedades crónicas, como las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias y la diabetes, son responsables del 60% de las muertes en el mundo, y que cerca del 80% de estas muertes se producen en países de ingresos bajos y medios [4]. Es decir, de los aproximadamente 58 millones de muertes que se produjeron en el mundo en 2005, 35 millones se debieron a enfermedades crónicas: el doble del número de muertes por todas las enfermedades infecciosas, incluyendo el VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria, las afecciones maternas y perinatales y las deficiencias nutricionales combinadas [4].

Se prevé que esta carga aumente sustancialmente en las próximas décadas [16-19], disminuyendo gravemente el potencial económico de los países de ingresos bajos y medios y frustrando los esfuerzos por reducir la pobreza. Para el año 2030, se prevé que las principales causas de muerte en el mundo sean las cardiopatías isquémicas, las enfermedades cerebrovasculares y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica EPOC. Se prevé que las principales enfermedades infecciosas -el VIH/SIDA, la tuberculosis y el paludismo- disminuyan su posición en relación con afecciones crónicas como la diabetes mellitus y el cáncer de pulmón [2]. Esto no quiere decir que los esfuerzos para combatir las enfermedades infecciosas ya no sean necesarios.

De hecho, el trabajo de Paul Farmer [20] nos recuerda los efectos demasiado claros de la tuberculosis y el VIH/SIDA en América Latina. Las enfermedades infecciosas tratables, incluido el Chagas, siguen golpeando a los pobres [21-23]. Una lectura atenta de los datos de la tabla 2 revela importantes diferencias dentro de la región.

En algunos países, como Argentina, Brasil y Chile, las enfermedades no transmisibles son las que provocan el mayor número de años de vida perdidos, en comparación con las enfermedades transmisibles y las lesiones. En otros países, como Bolivia, Paraguay y Perú, las enfermedades transmisibles son las que más influyen en los años de vida perdidos. Esto refleja los patrones subyacentes asociados con el desarrollo económico según el modelo de transición epidemiológica.

Como se muestra en el cuadro 2, el equilibrio de la carga entre las enfermedades transmisibles y no transmisibles varía mucho según el grupo de ingresos, y estos datos reflejan la situación en todo el mundo, no sólo en América Latina. En los países de bajos ingresos, las enfermedades transmisibles son las que más influyen en los años de vida perdidos, y este equilibrio cambia con bastante rapidez; incluso en los países de ingresos medios-bajos, las enfermedades no transmisibles suponen una carga mayor, lo que refleja el modelo de la transición epidemiológica. Las tasas de mortalidad estandarizadas por edad y por causa también revelan importantes diferencias dentro de las regiones, y las enfermedades cardiovasculares suponen una carga especialmente pesada en Brasil y Venezuela.

Las cuatro principales enfermedades no transmisibles (enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer y enfermedades respiratorias crónicas) representan algo más del 70% de todas las muertes evitables que se producen en el mundo, unos 41 millones de personas1. El consumo de tabaco, la inactividad física, el uso nocivo del alcohol y las dietas poco saludables aumentan el riesgo de morir por una ENT. Enfermedades no transmisibles Las ENT son enfermedades crónicas que no se transmiten de persona a persona. La Organización Mundial de la Salud calcula que cada año mueren 38 millones de personas a causa de las ENT, y que los países de ingresos bajos y medios se ven afectados de forma desproporcionada.

La actividad de investigación y educación de King se centra en las causas y los efectos